Y, claro, con esos magníficos ingredientes ha quedado deliciosa.

Para dos:
200 g de Fabes
1 Morcilla asturiana
1 Chorizo asturiano
1 Lacón
1 trocito de tocino ibérico.
Media cebolla
2 Ajos
1 cucharadita de Pimentón de la Vera
Unas hebras de azafrán
1 ramita de perejil
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Agua
La noche anterior ponemos en remojo las fabes en agua fría y en un bol aparte el lacón en agua tibia para que pierda la sal. Tendrán que estar de 8 a 10 horas mínimo a remojo ambas cosas.
Al día siguiente, en una cacerola apropiada, ponemos el chorizo lavado un poco con agua tibia y pinchado para que no se rompa, el tocino, el lacón, la media cebolla entera, los ajos enteros, el perejil y las fabes bien escurridas.
Añadimos agua fría hasta cubrir las fabes como dos dedos por encima pero solo las fabes ya que el compango tiene más altura. Añadimos una cucharadita de pimentón, el azafrán tostado unos segundos en una sartén sin aceite y un chorro de aceite.
Llevamos a ebullición fuerte sin tapar y cuando empiece a hacer espuma la vamos retirando con cuidado.
Incorporamos la morcilla lavada también un poco con agua tibia y pinchada para que no se rompa y bajamos el fuego a media potencia, de forma que las fabes sigan hirviendo "al chup chup" con la tapadera puesta.
Cuando las fabes estén quedándose con poca agua, añadimos un cuarto de vaso de agua fría para "pasmá'les=asustarlas", así no perderán la piel. Esto habrá que hacerlo al menos dos o tres veces durante las 2 horas y media aproximadamente (probando alguna fabe de cuando en cuando) que será el tiempo que empleen las fabes en ponerse tiernas.
Casi al final de la cocción añadimos la sal al gusto.
Una vez terminado, separamos del fuego y dejamos que repose como tres cuarto de hora antes de llevar a la mesa.
Retiramos el perejil. La cebolla con unas cuantas fabes, los ajos y un poco del caldo, podemos triturarla y se la añadimos de nuevo a la cazuela.
Cortamos en trozos el tocino, la morcilla, el lacón y el chorizo y ya servimos con las fabes en cazuelitas individuales (aunque, según dicen, lo más ortodoxo es comerlo como segundo plato, desmenuzado y mezclado todo, llevándolo a la boca con pedacitos de pan, presionando entre el mismo y el dedo pulgar)
Y..., ¡a disfrutar de la rica fabada asturiana!