Hubo una vez, hace muchos muchos años, cuando yo era sólo una niña y vivía en Ceuta, en que algunos cortos fines de semana eran especiales, porque si había suerte, mis padres después de comer los domingos nos mandaban, a uno de mis hermanos o a mi a la heladería "La Ibense" de la calle Real, a comprar helado para tomarlo en casa como un postre extraordinario (siempre en verano y antes de irnos de vacaciones, claro, porque en invierno estaba cerrado).
Entonces había pocos sabores para elegir: tutti-frutti, vainilla, chocolate, crema tostada y poco más.
Como éramos cinco a pedir helados pues, al que le tocaba ir a comprarlos, volvía a toda prisa con un gran cucurucho de papel y cinco barquillos en su interior de diferentes sabores para cada uno. Y, como no, chorreando helado por el boquetillo bajo del cucurucho de papel que, lastimosamente, caía al suelo derretido por el calor. Aún así, como no vivíamos lejos, siempre llegaba a casa buena parte del helado.
En la penumbra del cuarto de estar era un placer darle "lametones" a aquellas bolas de helado y recoger el goteo, que comenzaba en el camino a casa, por el tostado barquillo que a pesar de todo no perdía su textura crujiente.
Los sabores de aquellos helados eran especiales y deliciosos. Cuando me fui de Ceuta no volví a tomar helado en muchísimos años, ninguno me gustaba, no eran iguales.
Lo mismo me pasaba con los merengues de "El Vicentino" (una pastelería fantástica que ya ha desaparecido con todo su ambiente elegante y decadente de otra época) que no han tenido competencia con los que he probado hasta ahora. ¡Eran los mejores!
En fin, el olor a vainilla y ese color amarillo suave que hacía que el helado, más que un helado, pareciera un pastel, fue difícil encontrarlo fuera de mis pequeñas y queridas fronteras.
Y toda esta "batallita añorante" ha surgido porque hoy he hecho helado de vainilla en casa y, tanto la textura como el sabor, me han recordado aquellos sencillos y felices domingos y los helados de La Ibense.
HELADO DE VAINILLA FRANCÉS
Ingredientes:
600 ml mitad de leche y mitad de nata
8 yemas de huevo
230 g de azúcar
600 ml de nata líquida para montar
4 cucharaditas de vainilla
1 pizca de sal.
(Yo he hecho la mitad de las cantidades y he usado la KitchenAid y su heladera, pero se puede hacer también sin ella)
En una cacerola mediana a fuego medio, calentar la mezcla de nata y leche hasta que esté muy caliente, pero sin que hierva, removiéndola a menudo. Retirar del fuego y apartar.
Poner las yemas de huevo y el azúcar en el bol de la batidora. Colocar el bol y el batidor de varillas en la KitchenAid. Seleccionar la velocidad 2 y batir los ingredientes durante 30 segundos o hasta que estén bien mezclados y la masa haya espesado un poco. Sin modificar la velocidad 2, agregar poco a poco la mezcla de leche y nata y batirla.
Echar la mezcla en una cacerola mediana y cocinarla a fuego medio hasta que se formen pequeñas burbujas alrededor del borde y emita vapor, sin dejar de removerla. No dejar que hierva.
Transferir la mezcla de leche y nata a un bol más grande; agregar la nata líquida para montar, la vainilla y la sal, sin dejar de remover. Cubrir y enfriar bien en el frigorífico, al menos durante 8 horas.
NOTA: Si disponemos de la Thermomix21, todo este proceso anterior se puede simplificar vertiendo todos los ingredientes (a excepción de los 300 ml de nata que van con la leche, más los 600 ml de nata líquida para montar que se añadirán después) en el vaso y programar 6 minutos, temperatura 90º, velocidad 5. Y después 1 m, v.5, sin temperatura. A continuación, añadimos toda la nata y batimos unos segundos a velocidad 5-7-9. Cubrir y enfriar bien en el frigorífico, al menos durante 8 horas.
Colocar la heladera, que habrá estado unas 15 a 18 horas mínimo en el congelador, en la KitchenAid. Seleccionar la velocidad 1 y utilizando un recipiente con pico, verter la mezcla de helado en ella. Seguir en la velocidad 1 durante unos 15 o 20 minutos, o hasta que se consiga la consistencia deseada.
Servir directamente en copas o cucuruchos o bien ponerlo en un recipiente hermético y guardarlo en el congelador.
¡Qué rico!