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23 de agosto de 2013

Mi bicicleta

Es mi bici y se llama Libertad. Una BH de reparto que tiene una historia de 28 años.

Fuerte como un roble, nunca ha fallado, nunca ha pinchado, pero si tiene gastados los frenos.
Asociada a ella va la infancia de mis hijos y la vida de mi husky siberiano, Odín.
Y no envejece, permanece igual, como si esperara nuevas historias para su única cadena, para su único manillar, para sus mismos pedales, porque creo que sólo necesita que sigamos juntas buscando otros destinos.

19 de mayo de 2013

Helado casero de vainilla

Hubo una vez, hace muchos muchos años, cuando yo era sólo una niña y vivía en Ceuta, en que algunos cortos fines de semana eran especiales, porque si había suerte, mis padres después de comer los domingos nos mandaban, a uno de mis hermanos o a mi a la heladería "La Ibense" de la calle Real, a comprar helado para tomarlo en casa como un postre extraordinario (siempre en verano y antes de irnos de vacaciones, claro, porque en invierno estaba cerrado).
Entonces había pocos sabores para elegir: tutti-frutti, vainilla, chocolate, crema tostada y poco más.
Como éramos cinco a pedir helados pues, al que le tocaba ir a comprarlos, volvía a toda prisa con un gran cucurucho de papel y cinco barquillos en su interior de diferentes sabores para cada uno. Y, como no, chorreando helado por el boquetillo bajo del cucurucho de papel que, lastimosamente, caía al suelo derretido por el calor. Aún así, como no vivíamos lejos, siempre llegaba a casa buena parte del helado.
En la penumbra del cuarto de estar era un placer darle "lametones" a aquellas bolas de helado y recoger el goteo, que comenzaba en el camino a casa, por el tostado barquillo que a pesar de todo no perdía su textura crujiente.
Los sabores de aquellos helados eran especiales y deliciosos. Cuando me fui de Ceuta no volví a tomar helado en muchísimos años, ninguno me gustaba, no eran iguales.
Lo mismo me pasaba con los merengues de "El Vicentino" (una pastelería fantástica que ya ha desaparecido con todo su ambiente elegante y decadente de otra época) que no han tenido competencia con los que he probado hasta ahora. ¡Eran los mejores!
En fin, el olor a vainilla y ese color amarillo suave que hacía que el helado, más que un helado, pareciera un pastel, fue difícil encontrarlo fuera de mis pequeñas y queridas fronteras.
Y toda esta "batallita añorante" ha surgido porque hoy he hecho helado de vainilla en casa y, tanto la textura como el sabor, me han recordado aquellos sencillos y felices domingos y los helados de La Ibense.


HELADO DE VAINILLA FRANCÉS
Ingredientes:
600 ml mitad de leche y mitad de nata
8 yemas de huevo
230 g de azúcar
600 ml de nata líquida para montar
4 cucharaditas de vainilla
1 pizca de sal.

(Yo he hecho la mitad de las cantidades y he usado la KitchenAid y su heladera, pero se puede hacer también sin ella)

En una cacerola mediana a fuego medio, calentar la mezcla de nata y leche hasta que esté muy caliente, pero sin que hierva, removiéndola a menudo. Retirar del fuego y apartar.
Poner las yemas de huevo y el azúcar en el bol de la batidora. Colocar el bol y el batidor de varillas en la KitchenAid. Seleccionar la velocidad 2 y batir los ingredientes durante 30 segundos o hasta que estén bien mezclados y la masa haya espesado un poco. Sin modificar la velocidad 2, agregar poco a poco la mezcla de leche y nata y batirla.
Echar la mezcla en una cacerola mediana y cocinarla a fuego medio hasta que se formen pequeñas burbujas alrededor del borde y emita vapor, sin dejar de removerla. No dejar que hierva.
Transferir la mezcla de leche y nata a un bol más grande; agregar la nata líquida para montar, la vainilla y la sal, sin dejar de remover. Cubrir y enfriar bien en el frigorífico, al menos durante 8 horas.

NOTA: Si disponemos de la Thermomix21, todo este proceso anterior se puede simplificar vertiendo todos los ingredientes (a excepción de los 300 ml de nata que van con la leche, más los 600 ml de nata líquida para montar que se añadirán después) en el vaso y programar 6 minutos, temperatura 90º, velocidad 5. Y después 1 m, v.5, sin temperatura. A continuación, añadimos toda la nata y batimos unos segundos a velocidad 5-7-9. Cubrir y enfriar bien en el frigorífico, al menos durante 8 horas.

Colocar la heladera, que habrá estado unas 15 a 18 horas mínimo en el congelador, en la KitchenAid. Seleccionar la velocidad 1 y utilizando un recipiente con pico, verter la mezcla de helado en ella. Seguir en la velocidad 1 durante unos 15 o 20 minutos, o hasta que se consiga la consistencia deseada.
Servir directamente en copas o cucuruchos o bien ponerlo en un recipiente hermético y guardarlo en el congelador.
¡Qué rico!

11 de agosto de 2012

Han pasado siete años

Y, ¡aún recuerdo París como si hubiera estado ayer!
Cada rincón, cada calle, cada plaza, cada puente... La torre Eiffel, Notre Dame, Ópera, El Arco del Triunfo, Los Campos Elíseos..., todo, como si palmo a palmo pudiera volver a recorrerla de nuevo.
¡Tengo ganas de volver!.





14 de mayo de 2012

No es lo mismo...

pero al ser de puerto de mar, -el Atlántico y el Mediterráneo cuyas corrientes se cruzan en el Estrecho de Gibraltar-, muy a menudo se echa de menos la actividad de ver entrar y salir barcos por las bocanas del puerto.
Hasta donde permiten las circunstancias y sin querer comparar, algunas veces me paseo por el "puerto terrestre" de esta ciudad, para sentir el olor de los motores y ver los amarres que los atan y que a veces tienen residuos del salitre de otros lugares parecidos a mi tierra.


25 de enero de 2012

Reposando el vuelo

Miremos la vida desde donde la miremos, todos necesitamos un reposo para nivelar nuestro horizonte.


4 de diciembre de 2011

Ya va oliendo a Navidad.

Y empiezan a verse los adornos hasta en la estación del metro.
Me gusta.

27 de octubre de 2011

Wouldn't it be nice...

Me encanta la cara de felicidad de él :)


12 de octubre de 2011

Tomando café en el parque.

Y mientras..., observo, pienso y me río con la vida. Porque ella y yo, ya nos reímos juntas.


8 de octubre de 2011

¿Qué más se puede pedir?

La hermosa relajación de sentirse protegidos, queridos, cómplices, amigos, y...acariciados por el sol.
Puro y sano placer.


2 de octubre de 2011

El calor sigue y los turistas...también.

A pleno sol, como en el Puente de Triana


o a la sombra, como en el pasaje de la Judería


2 de octubre de 2009

Regreso al pasado

En esta era digital, lo lógico sería pasar discos de vinilo a formatos digitales, con todas sus correcciones para oirlos mejor y disfrutar de esa música con el mejor de los sonidos.
Yo no. He dado un paso atrás en el tiempo y me he regalado un Gramófono de manivela.


Hace muchísimos años, -desde que heredé una colección de discos de pizarra de mi madrina y tía-abuela-, iba buscando uno que estuviera a mi alcance y que funcionara. Me hacía ilusión oír unos discos de hace más o menos 100 años, con la voz de Caruso, Titta Ruffo, Hipólito Lázaro, el coro della Scala, etc...

Esta mañana, en un local que aún estaban organizando para la venta al público de muebles antiguos, lo vi, pregunté si funcionaba, me demostraron que si y...me lo traje a casa.


Ahora, ya puedo darle a la manivela, encender un quinqué de petroleo (eso ya lo tengo...), cerrar los ojos y trasladarme a principios del siglo pasado mientras oigo a Caruso cantándome al oído Aida con ese "ñeque-ñeque" del roce de la aguja sobre la placa de pizarra :-)
La foto es para ambientar. Y que conste que la luz es la original que da el quinqué :-)



De verdad...mágico!! Y, sin máquina del tiempo ni nada!!

4 de junio de 2009

Un poco de historia

Porque este blog está, casi especialmente, dedicado a mis hijos, a los que en su día también les escribí esto:

A MIS HIJOS

A vosotros Pablo y Juan, Juan y Pablo que me hicisteis madre y me habéis dado tanto en la vida.
A esas sonrisas que me habéis regalado en cada uno de vuestros despertares.
A esas malas noches que me mantuvieron en vela y me enseñaron que cada segundo hay que estar alerta.
A vuestros pocos llantos que me hicieron ver como se construyen los hombres.
A vuestras miradas fijas que desarrollaron mi intuición para descifrar vuestros malos momentos.
A vuestras picardías que habéis compartido conmigo en una complicidad escondida.
A vuestros enfados que eran los míos y donde vi que el cariño no se pierde sino que se hace más fuerte.
A vuestras largas conversaciones que me han hecho aprender sobre todo aquello que yo no había pensado.
A vuestra humanidad que me apacigua el alma.
A vuestra bondad que repartís con quien la necesita.
A vuestro amor propio, carácter y fuerza de voluntad, que me enseñó a no ser tan conformista.
A vuestra libertad que tuve que aprender a respetarla.
A vuestras experiencias que aún queréis compartir conmigo.
A vosotros, que sin haber pedido venir a este mundo, nunca me lo habéis reprochado y me habéis enseñado que el egoísmo está de más, que la paciencia es un don para aprender, que la pereza no debe rondar nuestra vida, que la envidia hemos de convertirla en admiración, que el cansancio está bien pagado con un beso, que el orgullo y la superioridad maternal no es un don sino un obstáculo.
A vosotros que habéis enriquecido infinitamente mi vida y me habéis hecho sentir el orgullo inmenso de ser madre.
A Juan y Pablo, Pablo y Juan, mis dos tesoros de incalculable valor y eterno cariño.
A mis preciosos y adorados hijos!!

Y un recuerdo A MI GRAN AMIGO ODÍN, mi husky siberiano



Es curioso, Odín, cuando quiero escribir algo sobre ti, no me salen las palabras.
Es quizá ¿porque era tu mirada de ojos almendrados la que cautivaba mis pensamientos?
O…tal vez, ¿tus silenciosos pasos los que traían sorpresas a mi vida?
O…¿porque la suavidad de tu pelo sedoso llenaba mis abrazos?

Es curioso, Odín, cuando quiero escribir sobre tu lealtad, solo te veo a mi lado, a mis pies, esperando mis movimientos para levantar tu cabeza y no esperar…solo seguirme.
Te recuerdo con tus pequeñas orejas puntiagudas y tus quiebros de cabeza entendiendo cada palabra mía.

Es curioso, Odín, cuando quiero escribir sobre tus juegos, solo te veo al galope junto a mi bicicleta, o salpicándome con tus saltos en los charcos de la lluvia, o llenándonos de barro sin importarnos esos minutos que robábamos al reloj y que luego intentábamos recuperar al volver a casa corriendo.

Es curioso, Odín, cuando quiero escribir sobre mis sensaciones contigo, solo te recuerdo de cachorro mordiendo mi mano hasta quedarte dormido o ese morrillo frío que ponías en mi cara cada mañana para anunciarme que un nuevo día empezaba para pasarlo juntos.

Es curioso, Odín, cuando quiero escribir sobre estos doce años de tu compañía, solo recuerdo momentos de felicidad, de compartir galletas y queso, de tu cabeza apoyada pacientemente en mi pierna a la hora de comer, de tu educación y hospitalidad con los desconocidos.

Es curioso, Odín, cuando quiero escribir sobre tu último día, se me cierran las ventanillas de la memoria, porque aún siento en mis manos tu pelaje, en mi hombro tu cuello mientras te dejabas abrazar, en mi sombra tus pasos acompañándome y en mis silencios tu respiración profunda del sueño. Es curioso, Odín, muy curioso que si quisiera llorar por ti, no lo haría porque te has ido, sino porque añoro tantos momentos compartidos de felicidad.