
Fuerte como un roble, nunca ha fallado, nunca ha pinchado, pero si tiene gastados los frenos.
Asociada a ella va la infancia de mis hijos y la vida de mi husky siberiano, Odín.
Y no envejece, permanece igual, como si esperara nuevas historias para su única cadena, para su único manillar, para sus mismos pedales, porque creo que sólo necesita que sigamos juntas buscando otros destinos.