Me coloco al lado de Anibal González Álvarez-Ossorio y creo sentir lo que él si yo hubiera vivido en la Exposición Iberoamericana de 1929. Habría respirado hondo y pensado...¡qué belleza he creado!
Me adentro en el Parque María Luisa y agradezco que a nadie se le ocurriera acabar con él para construir unos bloques de viviendas de protección oficial o casas para privilegiados como las que hay en la Avda. de la Palmera.
Es largo ese paseo, disfrutando del sol, del aire y del frío. Apenas cruzar una calle me encuentro en el Prado de San Sebastián, donde antiguamente se ubicaba la Feria de Sevilla y, aunque había leído algo estas navidades pasadas, no esperaba encontrarme con una gran, gran, gran pista de hielo, que en principio estaba pensada que cerrara el 20 de enero. Habrá sido un éxito, porque estará abierta hasta el 17 de febrero.
Por la tarde ya, esa chiquilla no me daba ninguna envidia, porque me coloqué los patines y disfruté...disfruté...disfruté! Vueltas y vueltas a la pista, hablando, riendo y siguiendo el ritmo de la música (que por cierto, cada vez que pasabas al lado de los altavoces, te retumbaba hasta el cerebro...)
Y una cosa lleva a otra...paseo, pista de hielo, café... y ¡final redondo!.







